Tierra virgen. Cuaderno de naturaleza de Iris es una travesía por el sur de Chile, en donde la exploración del viaje, la flora, la fauna, los pueblos originarios y la conexión con la espiritualidad son la trama fundamental.
En la narración de la obra Tierra virgen de Inés Echeverría Bello, conocida por su seudónimo Iris, prevalece una “mirada imperial”. En este viaje y travesía por el lago Ranco en el sur de Chile hay una mirada jerarquizada propia de la época y de la aristocracia, donde se tendía a comprar con los estándares europeos, en una contraposición entre civilización frente a la barbarie. Esta mirada corresponde a las corrientes de pensamiento en que fue escrito el libro, el fin de siècle, de fines del siglo XIX y principios del XX, en pleno auge del imperialismo y el darwinismo social, siendo una reproducción de los discursos hegemónicos del momento.
La visión del paisaje y sus habitantes está marcada por el antropocentrismo, pero, a la vez, reflexiona sobre la naturaleza y la espiritualidad como parte esencial de la búsqueda y el entendimiento del sentido de la vida.
Es un texto que refleja los paradigmas sobre civilización, dominio y progreso en el momento en que fue publicado. Es una obra cultural relevante para los estudios de ecocrítica, un archivo histórico, que nos permite leer, cuestionar y entender sobre la visión de la naturaleza, el territorio, el extractivismo y la construcción de los “otros”, que justificaron el despojo territorial y la marginalización de las comunidades locales en dicho momento de la historia. Este libro nos da la posibilidad, desde la literatura, de ingresar y deconstruir las complejidades del período histórico en el que se enmarca y la vigencia de las desigualdades.
Inés Echeverría Bello (Iris)
Inés Echeverría Bello nació en Santiago el 22 de diciembre de 1868. Hija de Inés Bello Reyes y Félix Echeverría Valdés, formó parte de una de las familias más importantes de la aristocracia de la época, descendientes directos de Andrés Bello (1781-1865).
A pocos días de su nacimiento, su madre falleció, quedando Inés al cuidado de su tía, Dolores Echeverría. En ese hogar recibió una educación católica tradicional; como toda mujer aristócrata de su época, su enseñanza estuvo a cargo de institutrices y profesores, quienes la instruyeron en diversos idiomas y en labores del hogar.
Su inclinación literaria se inició tempranamente. Por intermedio de la lectura pudo conocer a diversos autores extranjeros y nacionales que influyeron en su pensamiento y escritura. Como señaló en algunas ocasiones, desde su niñez Iris sintió la necesidad de “guardar la huella de mis días” (Iris. “Prólogo”. Entre dos siglos. Santiago de Chile: Ediciones Ercilla, 1937, p. I). Sin embargo, publicó su primer libro, Hacia el Oriente, recién a los 37 años, el cual editó de manera anónima.
Después de la aparición de Hacia el Oriente, se abocó por entero a la labor escritural; con el seudónimo de Iris -la mensajera de los dioses griegos-, se constituyó en una voz literaria relevante. Ya en 1910 había dado a conocer otros cuatro libros: Tierra virgen, Perfiles vagos, Emociones teatrales y Hojas caídas.
Iris no solo escribió novelas y cuentos, como La hora que queda (1918), sino que cultivó también géneros no canónicos: novelas históricas, memorias, diarios íntimos, diarios de viajes y libros de crónicas. Publicó, además, una considerable cantidad de artículos de temas diversos (literatura, teatro, costumbres, arte y sociedad), principalmente en Zig-Zag (1905-1964); Familia (1910-1940); La Revista Azul (1914-1918); La Silueta (1917-1918); Pacífico Magazine (1913-1921) y en los diarios El Mercurio y La Nación, donde escribió desde su fundación en 1917.
Esta producción, le valió el nombramiento como “Miembro Académico” de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile en el año 1922, convirtiéndose en la primera mujer en obtener este título, tras la vacante que dejó el historiador, recientemente fallecido, Enrique Matta Vial (1868-1922).
En términos de su labor literaria, durante la década de 1930, comenzó a publicar su proyecto narrativo más ambicioso, Alborada, obra que apareció en tres series que sumaron, en total, seis libros, publicados entre los años 1930 y 1946.
La escritura de Iris, al menos desde 1914, año en el que publicó Entre deux mondes durante su estancia en París, comenzó a comprometerse con la vida pública y la política chilena, específicamente, a partir de dos problemáticas que vivió de manera cercana: su pertenencia crítica a la elite chilena y los constreñimientos que experimentó por su condición de mujer en un medio conservador.
En el plano de la política partidaria, apoyó de manera abierta a Arturo Alessandri Palma (1868-1950), cuya figura representaba para distintos intelectuales como Armando Donoso (1886-1946) y la misma Iris, la apertura hacia las demandas de la clase media y la derrota de la vieja oligarquía.
Desde su posición social e intelectual, Iris intentó reivindicar los derechos de las mujeres, publicando artículos y dictando numerosas conferencias, como “La condición civil de la mujer”, expuesta en la Universidad de Chile, y “La evolución de la mujer”, artículo aparecido en la revista Zig-Zag. Asimismo, formó, junto a otras mujeres intelectuales, sociedades destinadas al mejoramiento de la enseñanza, al fomento de la lectura y a la emancipación femenina, como el Club de Señoras de Santiago (1915), fundado por Delia Matte de Izquierdo, y el Círculo de Lectura (1915), fundado por Amanda Labarca (1886-1975). Además, su propio hogar se constituyó en centro de importantes reuniones literarias.
En junio de 1933, Inés Echeverría vivió el asesinato de su hija Rebeca Larraín Echeverría a manos de quien fue su yerno, Roberto Barceló Lira. A raíz de este hecho, sumada la situación cultural del momento, en la que se consideraba a la esposa como “propiedad del marido”, y la ausencia de antecedentes de condenas a miembros de la elite por crímenes conyugales (Albornoz, M. E. “Castigo para el marido que mata a la esposa o cómo el Servicio Médico Legal, la justicia y la Presidencia de la República cambiaron la tradición. El caso Larraín-Barceló (Santiago, 1933-1936)”. Bajo la Lupa, Subdirección de Investigación, Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, 2019, p. 10-11), Iris publicó en el año 1934 Por él, libro testimonial y de denuncia que influyó en el cumplimiento de la condena a Barceló.
La figura de Iris, como intelectual de la elite que abogó por el reconocimiento de las mujeres en distintos ámbitos del Chile de la primera mitad del siglo XX, ha sido estudiada y recuperada durante las últimas décadas.
