Su historia magallánica comienza cuando Gabriela llega trasladada a Punta Arenas por designación del Ministro de Justicia e Instrucción Pública Pedro Aguirre Cerda, quien sería un gran amigo y compañero de toda la vida, como escribirá en innumerable correspondencia la poeta a su gran protector “don Pedro”.
Pedro Aguirre Cerda la conoció en Pocuro cuando ella era una joven profesora de geografía y castellano en el Liceo de Niñas de Los Andes. Pocuro hoy hace gala de su ilustre hijo, pero olvida quizás por desconocimiento el paso juvenil de Gabriela por esta zona al interior de la región de Valparaíso.
Don Pedro en 1918, a sugerencia de su hermano el doctor Luis Aguirre Cerda quien vive en Punta Arenas, tendrá que destinar una nueva directora para el Liceo de Niñas de dicha ciudad. Gabriela espera hace meses una designación que cimienta su carrera pedagógica y estabilice su precaria situación económica, pero nada la hará imaginar que este nombramiento la llevará al extremo austral del planeta, será elegida por don Pedro como Directora del Liceo de Niñas de Punta Arenas.
